viernes, 18 de octubre de 2019

El ABC de los Estándares de Evaluación

Evaluar es un tema que ha tomado fuerza en la últimas décadas, razón por la cual se han creado y reformado múltiples políticas públicas orientadas a encaminar los procesos educativos hacia la excelencia. Con esta situación se han adoptado posturas divergentes respecto a las evaluaciones educativas, la rendición de cuentas y el acceso público a los resultados. En términos generales es importante recordar que la evaluación es un proceso sistemático que se ha de realizar con el propósito de orientar la toma de decisiones hacia la mejora del objeto que se evalúa.

Para que el proceso evaluador adquiera confiabilidad ha de establecerse bajo ciertos criterios a considerar de acuerdo con su finalidad; es decir, que requiere ser planeada, diseñada y aplicada no como un método único, sino como una herramienta flexible y capaz de fortalecer; contrario a las ideas pre establecidas que la etiquetan como sancionadora o infundada.

La calidad de la educación depende de muchos factores, uno de ellos es la utilización de los resultados de las evaluaciones de todos los involucrados en el proceso ya que éstos nos ofrecen información valiosa acerca de las fortalezas y áreas de oportunidad. Es aquí donde toman importancia los Estándares de Evaluación, los cuales contribuyen al desarrollo de una educación de calidad al establecer una referencia con respecto a lo mínimo que se espera que desarrolle el objeto evaluado.

Para que un estándar cumpla su propósito se requiere tomar en consideración las necesidades de los sujetos involucrados, como su contexto y particularidades presentes; ya que éstos conforman el punto de partida para el establecimiento de proyectos, diseño de estrategias y aplicación de instrumentos de evaluación. buscando con ello no una educación estandarizada sino delimitada por estándares que la guíen hacia la calidad y respondan a las necesidades particulares de su contexto.


Finalmente, ya que los estándares parten de principios que clarifican los aspectos o dimensiones a evaluar se requiere que impliquen los cinco principios establecidos por el CEE (2015):


  1. Claridad: Ser conocidos por todos los actores educativos.
  2. Asequibles: Que puedan ser alcanzables independientemente de la condiciones.
  3. Articulados: Lo que permitirá ser usados por diferentes actores involucrados en la educación.
  4. Pertinentes: Útiles para evaluar el aprendizaje más que la medición del mismo. 
  5. Promotores de la reflexión colaborativa: Que ofrezca oportunidades de mejora mediante el trabajo colegiado. 

En este punto es conveniente reflexionar si lo que se desea es elevar los niveles de acreditación a pesar de su baja calidad o conseguir tasas de aprobación congruentes con el proceso educativo; recordando que el actor principal en los procesos de evaluación no es el alumno, sino quien diseña las evaluaciones, razón por la cual es importante que los docentes consideren la planeación del proceso de acuerdo con las características de sus estudiantes y con ello conseguir un aprendizaje significativo a que los estándares y criterios evaluativos puedan ser adaptados a las particularidades de los individuos.